Santa Rosa
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Aparte de la cruz, no hay otra escalera por la que podamos llegar al cielo.

Aparte de la cruz, no hay otra escalera por la que podamos llegar al cielo.

Santa Rosa de Lima hacía muchas mortificaciones. Mortificaba su orgullo, su amor propio y el deseo de ser admirada y conocida. Además ayuno continuamente y su abstinencia de carnes era perpetua. Comía lo mínimo necesario para no desfallecer de debilidad. Aún los días de mayores calores, no tomaba bebidas refrescantes de ninguna clase, y aunque a veces la sed la atormentaba, le bastaba mirar el crucifijo y recordar la sed de Jesús en la cruz, para tener valor y seguir aguantando su sed, por amor a Dios.

Hacía otras cosas más dolorosas y difíciles. Dormía sobre duras tablas, con un palo por almohada. Alguna vez que le empezaron a llegar deseos de cambiar sus tablas por un colchón y una almohada, miró al crucifijo y le pareció que Jesús le decía: “Mi cruz, era mucho más cruel que todo esto”. Y desde ese día nunca más pensó en ello.

Muchas personas la criticaban por sus tantas penitencias. Rosa les respondía: “Si ustedes supieran lo hermosa que es un alma sin pecado, estarían dispuestos a sufrir cualquier martirio con tal de mantener el alma en gracia de Dios”.

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